Diadema
con incrustaciones de vidrio, encontrada
en la tumba de una princesa egipcia |
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Ciudades fortificadas y
coches de 2 y de 4 ruedas
Hacia el 3000 aC
aparecen las primeras ciudades fortificadas en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y
Éufrates.
En
el año 2985 aC se inicia en la India
el empleo de coches de dos ruedas (carros abiertos).
En el año 2980 aC
aparecen en Egipto las primeras ciudades-estado. Se desarrollan a
partir de grandes aglomeraciones de agricultores establecidos a lo largo del valle del
Nilo, que construyen los servicios comunes necesarios para el riego de los campos y las
cosechas y aseguran sus asentamientos contra los ataques de los nómades.
En el año 2945 aC
se extiende en Sumeria el empleo de los carros de cuatro ruedas.
Con el fin de facilitar su circulación se construyen sistemáticamente carreteras. Para
ello se perforan o construyen en las rocas ranuras para las ruedas.
Hacia el 2920 aC, la tejeduría
de lienzos alcanza en Egipto y Mesopotamia su primer punto culminante. |
Con arena y sosa
se obtiene el vidrio
Entre el año 3200 y el 3100 aC, los egipcios
fundidores de metales descubren, de forma más o menos casual, el proceso de obtención de
un nuevo material: el vidrio.
Experimentan hasta lograr repetir el proceso y
averiguar cuáles son las sustancias necesarias para obtener la masa fundida.
Entonces dominan el arte del vidrio y fabrican los
primeros objetos con este material, sobre todo perlas de colores y barritas.
El vidrio del antiguo Egipto está compuesto por
ácido silícico, calcio y sodio. Su obtención presupone la capacidad de fundir el cuarzo
(ácido silícico).
La arena de cuarzo pura se vuelve líquida a una
temperatura de por lo menos 1600° C. Para ello, se necesitan hornos especiales con
fuelles para insuflar aire.
Además, es importante conocer también la
composición de la masa fundida.
Los vidrieros egipcios mezclan arena con cal y sosa,
fundiendo esta materia prima en el interior de un orificio practicado en el suelo o en un
crisol de arcilla.
El bloque de vidrio, una vez frío, se separa del
crisol. Para conferirle forma, se lo calienta de nuevo y se enrolla sobre una base.

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