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A veces se me ocurre que la vida es como el
viento, que vuela con sus fantasías inventando paisajes infinitos y fugaces; jugando con
la arena a dibujar montañas de ilusiones; animando gigantes en los árboles para que
bailen a su ritmo; poniéndose de acuerdo con las olas refrescantes, que van y vienen y lo
dejan abrazarse a ellas un instante, o siempre.
De pronto es un torbellino y cubre los ojos
de polvo que impide ver el camino; más tarde envía mensajes en clave secreta silbando
desde cualquier rincón de la esperanza; hoy alardea de su fuerza haciendo crujir las
ramas y mañana el vendaval se convierte en tenue brisa que acaricia la frente mientras
disipa una nube.
El viento, como la vida, tiene muchas caras:
es poético, excitante, libre e inexorable; podemos temerlo, odiarlo, ignorarlo o amarlo.
Es cosa nuestra. Pero siempre es él, aunque no lo entiendan; aunque no se acepte.
Ahora se disfraza de personaje siniestro y
luego de duende misterioso, de arlequín o de mago; actúa y desaparece. Nos hace creer
que se acabó. Pero, tarde o temprano, vuelve a decirnos al oído que todo era un juego y
que es eterno; y nos regala señales de inmortalidad en una corriente que no cesa.
Pasa la vida y sus ráfagas sacuden
sentimientos que siempre existieron; inventan paisajes perpetuos que son nuevos cada día;
dibujan remolinos de emoción que nunca se aquietan; animan esperanzas que danzan en la
imaginación al ritmo del sueño interminable; silban melodías felices a través de una
ventana entreabierta a la dicha, o suavizan el espíritu sediento remolcando nubes de
consuelo.
La vida, como el viento, es excitante y
poética, misteriosa y temible, majestuosa, siniestra o irresistiblemente seductora; pero
inexorable y libre. Es cosa nuestra, pese a los que no quieren. Ella se viste con los
trajes más diversos y prueba a confundirnos; juega a que se acaba empujando hacia
adelante el tiempo que erosiona; despeja luego la tormenta y vuelve sonriente hamacándose
en la rama de un pensamiento original: un hálito distinto y permanente que renace
compartido en la inmensidad de nuestra existencia.
Por eso hoy escribo para vos; porque hay una
brisa que sopla desde ayer en mi ventana.
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