¿Somos amigos?
A veces me pregunto si es real
o es un sueño este misterio.
¿Qué más da?
Acaso, si es verdad,
¿importa algo estar soñando?
Si por casualidad
nos encontramos una vez
en un rincón de la esperanza
y buscamos desde entonces
un gesto de ternura
escondido en cada tarde;
si es la pura verdad
que sin esperar espero;
y me siento feliz
todo este tiempo
sabiendo, por fin,
de tu existencia;
si adonde quiera que vaya
está tu genio a mi favor,
leal, sin exigencias;
y el alud de tus verdades
y opiniones no me hiere;
si yo siento que podría
disipar tus penas
aunque fuera uniéndome a tu llanto;
y descubro la alegría
floreciendo a cada instante
que los dos nos regalamos;
si únicamente el tiempo,
que no tiene sentimientos,
aparenta separarnos,
y no existe otra ambición
ni pequeña mezquindad
que nos aleje;
si aceptamos de antemano
que apenas nos compete
saber uno del otro
para hablar en el lenguaje
universal de los humanos,
entonces, ya sé: ¡somos amigos!