¡Qué pequeña y hermosa
estabas aquel día!
Yo quería explicarte;
decirte que me iba
con una pena enorme
que se ahogaba en mi pecho
y en el fondo de mi alma
una esperanza escondida.
No supe cómo hacerlo
en lenguaje de niño;
te di un beso en silencio
y te dejé dormida.
¡Qué pequeña y hermosa
estabas aquel día!
Ya lejos por las noches,
y también durante el día,
soñaba con un ángel
de mirada perdida;
con un cielo distante,
una niña dormida;
y una luz solitaria
desgarraba el silencio
con que yo me callaba
las cosas que sentía.
¡Qué pequeña y hermosa
estabas aquel día!
Tus veinte años blancos
te dieron nueva vida
dibujando horizontes
que atrapan las estrellas.
Dicen que eres distinta;
que ya no eres la misma.
Yo sólo veo un ángel
de mirada perdida,
un cielo, luz, silencio,
y una niña dormida.
¡Qué pequeña y hermosa
estabas aquel día!