Puedo recordar el dolor
desgarrando impúdicamente mis entrañas.
Recordar mi corazón desbocado
en loca carrera hasta alcanzarte.
La angustia del tiempo transcurrido
y el hijo pujando por nacer
sin lograr una y otra vez su cometido.
Puedo revivir el momento de verte
ese sentimiento de angustiosa alegría
de que nada hace falta
de que todo está dado
de que no quedan sueños
que no fueran soñados.
Fue tenerte en mis brazos
fue tenerte en mis pechos
fue acunarte bajito protegiendo tu sueño.
Fue guiarte estos años con amor infinito
caminando a los tumbos, en vigilia constante
soñando que crecieras y llorando bajito
al ver que te alejabas, destejiendo mi abrazo
porque ya eras un hombre
un barco en cualquier puerto
que recoge sus anclas y navega sus mares
dejando atrás la tierra que lo mira en silencio
resignando sus sueños, con la bruma en el alma
y los ojos cansados de acunar tu distancia.