Una Ventana a la Vida

Prólogo de Syria Poletti | Índice de esta sección

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Si vos querés, cualquier soplo del destino
puede hacer realidad un sueño

© Carlos Alberto Estévez

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¿Querés que te confiese algo? No puedo hacer que se callen las voces que me hablan desde atrás de las estrellas. ¡No quiero!

¿Cómo ignorar la fuerza de esa brisa milagrosa que enciende cada pensamiento como si fuera una hoguera de creación inagotable?; ¿cómo negar esa parte de mí que descubro a solas con todo el Universo?

Tal vez pueda encontrar las palabras que sirvan para dibujar una realidad escondida en el deseo de ser; que brota vertiginosa como burlándose del tiempo que cuesta trasponer toda una vida.

¡Claro! Estoy soñando. Aunque no duerma. Y este sueño durará... no sé. ¿Quién podría decir cuánto dura un sueño? A veces, una eternidad transcurre durante el desayuno, entre una tostada y un trago de leche. O mientras guardo los libros para ir a la escuela. ¿Qué será el tiempo?

Entonces no hay distancia que me aleje de aquel mundo. No hay sonidos ni voces que alteren el silencio que yo escucho. No existen silencios que hagan callar aquellas voces mías. Nada puede impedir que yo vea este sueño como una aurora húmeda de rocío eterno que juega promisoria a mejorar los días; como un futuro que, a fuerza de quererlo, vivirá presente.

Si a vos te gusta soñar, acompañame. Así nadie podrá evitar que nuestra vida no se acabe en la rutina de esperar que el tiempo pase. Vamos...

Avancemos de la mano trazando un paisaje verde, inmenso, lleno de paz, sereno como todo lo que es SIEMPRE. ¡Bellísimo!

Ahora pongamos acordes en el cielo; y el cielo a los cuatro costados de nuestro mundo. ¿Ves? Si respiramos con fuerza el milagro de crear, cualquier dirección nos lleva al mejor sitio; porque un lugar es allí donde vos QUIERAS estar. Por esta cascada que acabamos de inventar, haremos que rueden capullos intocables de espuma blanca salpicando alegrías permanentes. Regalaremos uno a cada paso y muchas manos invisibles sembrarán por todas partes comprensión en forma de espigas doradas.

Saltaremos las montañas de dudas en alas de la fe y borraremos precipicios de egoísmo hasta descubrir que al otro lado nos espera el encuentro verdadero en un mar lleno de afecto. Allí estamos. Ese mar vuelca sus olas en nuestra playa mientras la Luna sonríe desde el infinito, porque quiere.

Hay una paz familiar en cada gesto; una dulzura nueva en las miradas compartidas. El aroma del verde se respira. El celeste del cielo se refleja. El dorado del trigo, luz y magia, es ondulante y tan real como las voces que nos hablan. Lo veo encandilando para siempre las tristezas. Y el viento está borrando las nubes que amenazan al futuro.

Nosotros mismos estamos diseñando, en cada sueño, una realidad nueva que en cualquier soplo del destino será verdad. Es la vida que cada humano puede hacer a su medida, si la quiere; si se acuerda de soñarla primero.

¿Por qué dicen que nuestro mundo es inasible?; ¿será porque piensan que jamás se tocará con lo que llaman realidad?

Fijate, por favor, a ver si acaso todo lo que hoy es realidad para alguien que conozcas, no fue alguna vez un sueño con soles y estrellas y vientos que encendían pensamientos no sé en qué desayuno; un sueño eterno entre una tostada y un trago de leche.

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