Una Ventana a la Vida

Prólogo de Syria Poletti | Índice de esta sección

Portada
Página anterior Página siguiente

Si te dicen que hace mal...

© Carlos Alberto Estévez

_____________________________________________

  Me llovía encima como si yo fuera el viejo Noé y mi bicicleta, recién aceitada, un arca imaginaria que debía salvarme del desastre. Pero yo no quería que me salvara. Todos amábamos aquel diluvio. ¿Podés imaginarte una diversión mejor? Un largo camino de tierra entre dos campos interminables que se amamantaban del cielo, y nosotros, ciclistas apasionados, avanzando bajo una lluvia torrencial.

Parado sobre los pedales para mantener el equilibrio, el agua me chorreaba por todas partes. Mis compañeros, atrás y adelante, compitiendo por no caerse y, casi sin darnos cuenta, ellos y yo tratando de ver quién era más feliz.

De pronto, ¡zas!, uno al suelo. Y los demás no podíamos seguir de tanta risa. Entonces girábamos alrededor del caído para festejar mejor, gritando a voz en cuello la alegría de aquella tarde.

A todos nos tocó el turno de revolcarnos una y otra vez en el barro. Y cuando conseguíamos que amainara un poco la risa, continuábamos con más fuerzas en medio de aquella líquida cortina de vida. Pero a mí me gustaba quedarme unos instantes acodado en la blandura del camino, disfrutando intensamente mientras las ruedas de mi bicicleta giraban locas reflejándose en los charcos.

Veinte kilómetros para llegar a casa. Habíamos salido en una hermosa mañana de sol. Todo el día resultó divertido. Pero el momento que se volvió eterno, sin embargo, fue ese regreso impredecible. Una mezcla húmeda de asombro y deslumbramiento embelleció unas horas que nunca serán pasado; porque descubrí que mis amigos y yo éramos una sola cosa con el agua y con la tierra, con el pasto y con el cielo. Pura alegría.

Todavía siento aquella extraña y saludable sensación de abrazarme con el Universo. Cada vez que toco mi vieja bicicleta, me doy cuenta de que estoy chapoteando carcajadas. Y me parece que eso pasa porque aquella tarde gloriosa todos estuvimos mucho más despiertos de veras; más conscientes de lo que significa, realmente, vivir.

_____________________________________________

Ir al tope de la página
Recuerde que para reproducir nuestros textos debe obtener autorización expresa
Portal en español de turismo de aventura, deportes y ecoturismo en Iberoamérica

Ir a la portada de la revista © El Tercer Tiempo - Todos los derechos reservados  Comuníquese con nosotros para lo que necesite
Editada en Buenos Aires - Argentina