Una Ventana a la Vida

Prólogo de Syria Poletti | Índice de esta sección

Portada
Página anterior Página siguiente

Me encantaría ser un Piel Roja

¿Te sorprendiste? Casi seguro. Y tenés razón.
Pero... vení conmigo y dejá que te cuente

© Carlos Alberto Estévez

____________________________________________

Gran Jefe Seattle

 Me voy hasta el claro de algún bosque espeso que jamás haya sido dañado. Acompañame, si querés. Caminemos juntos a orillas de este río transparente hasta una pradera donde retocen los venados sin temor y los caballos salvajes no teman a los hombres. ¿Escuchás el murmullo del agua y la canción eterna del viento que festeja la vida?

En este lugar quiero que conozcas a un amigo mío.

El prefiere el grito de una garza; se queda con la frescura del bosque y le gusta saborear el aire dulcificado por las flores. Sólo por eso te dije que me encantaría ser yo también un piel roja como él. ¿Te lo presento? Es el gran jefe Seattle de la tribu Suwamish, cuyos territorios forman actualmente el estado de Washington.

Ya supongo tu pregunta: ¿querés saber si Seattle vive todavía?

Mirá... yo creo que sí. Me parece que está vivo cada vez que las ranas discuten de noche alrededor de la laguna y cuando un rayo de luz hace guiños entre las hojas. Creo que se pasea entre los árboles a cada rato, acaricia los campos y escucha muy atento las voces de su río. Lo veo conversando con el agua, con la tierra y con el viento que respira. Siento que perdura en el recuerdo de quienes alguna vez pudimos leer una carta suya.

Bueno, te sorprendí otra vez, ¿verdad? Sí, leíste bien. Tengo una carta de mi amigo Seattle. Es bastante larga pero la leo a cada rato. Claro que no la escribió para mí. ¿O sí?

La historia es ésta: en 1855, el gobierno de los Estados Unidos había hecho a los Suwamish una oferta para comprarles sus tierras. Entonces, mi amigo el piel roja, gran jefe de la tribu, envió esa carta al presidente norteamericano Franklin Pierce (1804-1869), para responder a la propuesta. Pero el pensamiento del cacique también quedó escrito para todos aquellos que sean capaces de correr detrás del horizonte a buscar paisajes nuevos. Por eso presiento que la carta es tuya y es mía.

Te la dejo de regalo, para que sepas por qué sigue viviendo este piel roja de corazón grande y salvaje. Y mientras vos leés, oigo un murmullo lejano de aguas cristalinas que me invitan a conocer y respetar mejor la vida, porque la amo.

____________________________________________

Abrí y leé la carta
del Gran Jefe Seattle

Carta del Gran Jefe Seattle

Ir al tope de la página
Recuerde que para reproducir nuestros textos debe obtener autorización expresa
Portal en español de turismo de aventura, deportes y ecoturismo en Iberoamérica

Ir a la portada de la revista © El Tercer Tiempo - Todos los derechos reservados  Comuníquese con nosotros para lo que necesite
Editada en Buenos Aires - Argentina

Desarrollo de Web Sites, Posicionamiento en Buscadores y Publicidad OnLine