Y fue a esa edad...
Llegó la poesía a buscarme.
No sé de dónde salió,
de invierno o río...
pero desde una calle me llamaba.
Este racimo de palabras azules fue el camino que un
escritor llamado Pablo
Neruda eligió para acercarnos a un mundito casi imperceptible. Él hablaba
de algo suyo, fuerte, verdadero. Estaba contándonos la sensación intransferible que
contiene el hallazgo de la vocación.
- ¿Eso cómo lo entiendo? -quizá te preguntes vos,
que no tenías intención de encontrarte con este concepto encantado-. Y yo te contesto
que no es mucho lo que se puede decir. pues, por sobre todas las frases y definiciones, la
vocación es una fuerza que se "siente". Bien adentro.
Es como un motor invisible que pone en marcha todos
los mecanismos positivos y nos impulsa a funcionar con ganas. Es una mano suave que te
acaricia el alma y te propone cambios y búsqueda.
Es la cosquillita tenue que te pinta la sonrisa
mañanera cuando descubrís que nació un nuevo día para "hacer la vida".
No hay tiempos fijos ni espacios concretos donde
citarnos con ella para conocerla; porque aparece en los atardeceres, los escritorios, las
heladeras o los hospitales. Nadie posee su dirección exacta; ella se aloja en un
rinconcito de cada ser humano.
La vocación crece independientemente de las lluvias
y de los cumpleaños. Se deja ver en aquellas situaciones donde nos da placer o deseos de
estar presentes. Cuando está decidida, nos lo hace saber invadiéndonos con la certeza de
que "esto es lo que quiero ser".
Así lo expresó Neruda, con misterio de agua y
viento, con calma de siestita dominguera y regocijo de cielo alcanzado. Le ocurrió
"a esa edad"... cualquiera; sin preavisos ni ceremonias. Como pasan siempre las
mejores cosas.
Te deseo con todo mi corazón que logres escucharla
cuando golpee tu puertita, y la atiendas, agasajes, cuides y ames como ella se lo merece.
Porque la vocación es uno de los instrumentos más
auténticos y puros que tu esencia te regala para que camines la felicidad de ser
vos, plenamente.
|