Una Ventana a la Vida

Prólogo de Syria Poletti | Índice de esta sección

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La originalidad nos convierte
en fuera de serie

© Gabriela Losavio

Sofía estaba callada, un tanto triste. Su mirada de picaflores bailarines esta vez lucía apagada y se quedaba colgada en cada techo.

No lograba bordarle palabras de explicación o claridad a ese estado melancólico que la envolvía desde hacía varias horas.

- ¿Qué más decir? ¿Y para qué? - se repetía con un eco cansado que le brotaba de las orejas para adentro. No recibía ninguna contestación.

De pronto, aquella presencia querida, con perfume a jazmines, asomó su cabeza por la ventana del jardín y preguntó:

- ¿Qué te pasa, hija?

Junto con la voz que regalaba calidez, entraron todos los rayos de sol que jugueteaban por la cuadra y, con ellos, la respuesta. Sofía dejó de mordisquear sus labios y, apoyándose en la pared, dijo:

- Estoy remal. Hoy, al salir de la escuela, discutí muchísimo con Valeria. Vos sabés que nos adoramos, pero comenzamos a intercambiar opiniones sobre la obra de teatro que preparamos para fin de año y terminamos gritando como locas.

Es terrible. No quiere entender que el tema de la libertad es diez veces mejor para tratar que el de la dignidad humana. ¡Ya no sé qué argumento usar para convencerla! Lo peor es que nos fuimos cada una por su lado, con una pelota gigante en el estómago que, estoy segura, experimentamos las dos. Creo que a partir de ahora nada será como antes...

Al concluir dicho "panorama de la situación", su rostro volvió a empañarse ensayando un gesto de batalla perdida.

Mamá tomó las manos de esta jovencita tan preocupada y observándola desde la ternura susurró:

- Sos un ser humano, mi amor. Sos una integridad sin copias ni borradores. Todo lo que pienses, digas o hagas es inédito, tuyo e irrepetible. Nadie vivirá por vos ni se adueñará de un solo centímetro de tus ideas.

Tu hermosa amiga, y cada personita que transita por el Universo, posee la misma característica de originalidad. ¡Ése es el problema y el milagro! No siempre acordaremos nuestros objetivos y proyectos; no es obligación fusionar gustos y deseos y nunca hallarás en todo el planeta a alguien que concluya con exactitud según tu criterio.

La armonía se vislumbra cuando nos abrimos a las verdades de los otros, compartiendo también lo que creemos. El camino se va modelando con arcilla de crecimiento y el horizonte es amplio, sin límites. Antoine de Saint-Exupéry escribió: "Si difiero de ti, lejos de herirte, te agrando"; y eso es lo que debemos tener en cuenta día tras día.

Basándote sobre esto, descubrirás que los temas propuestos para la obra tienen lazos tan fuertes que al referirte a uno hablás de ambos. Charlalo con Vale, y festejen bendiciendo la alegría de ser únicas.


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