Una Ventana a la Vida

Prólogo de Syria Poletti | Índice de esta sección

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¿Dónde está el lugar que amamos?

© Gabriela Losavio

Observaba el papel en blanco que me invitaba a zambullirme para llenarlo de olitas y acercarme a vos.

De pronto, miré este cuarto colmado de cosas queridas, latiendo con recuerdos y proyectos, tan compinche y tan rosado.

Entonces me pregunté: ¿en qué capullo brota la sensación de que este sitio me pertenece; de que cada muñeco y libro y poster es una parte de mi vida? ¿Dónde comienza esta onda que rebota entre los almohadones y el grabador para pasar frente al espejo e instalarse en mis bolsillos?

No podía responderlo.

Sin perder tiempo lo comenté con Fabio, quien me acercó un secreto del que creía ser único protagonista.

"Yo también siento algo parecido -dijo-, pero no es en la habitación sino en la buhardilla de la casa de la abuela. Ahí duerme mi bici porque en el departamento no hay espacio. Cuando voy a buscarla por las mañanas me parece que una brisa tibia y crujiente me hace flotar sobre espuma. No sé, es extraño, te aseguro que me quedaría durante horas".

Claro, después él mismo agregó que en ese "escondite" estaban sus revistas de historietas, la maqueta del bosque encantado, las témperas más coloridas del mundo y unas fotos divertidísimas de la familia.

Así fue como mi curiosidad encontró ciertas explicaciones: los lugares que amamos, ésos en los que atesoramos "chucherías", diarios íntimos y muchos sueños, van recibiendo día tras día nuestro rocío de adentro.

Allí queda el aroma que nos identifica, las lágrimas de los instantes nublados, los rayitos de sol que nacen en las sonrisas. Sobre la mesa de luz nos esperan las imágenes que despedimos cada noche antes de dormirnos y entre las cortinas, la última canción que susurramos.

A veces, el "lugar" está en el rincón de la plaza donde derivamos charlas de amigos y pic-nics domingueros; en una calle cortada en la que recuperamos tardes de otoño y confesiones de invierno; en cada porción de tierra donde aflojamos los hombros y liberamos abrazos.

Creo que necesitaría muchas frases y plumas para describir este misterio. Pero hay algo que es más fuerte que las ganas de ordenar palabras; es el deseo gigante de que percibas Tu Lugar y lo disfrutes. ¿Mi último descubrimiento? Uno mismo es el creador de la brisa tibia de los lugares.


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Editada en Buenos Aires - Argentina