Y entonces el jardín parecía lustrado como unos
zapatos nuevos. Las hojas de la azalea brillaban intensamente y las florcitas, locas de
frescura, se movían al compás de la brisa.
Todo se renovaba. Yo respiraba inflando mi pecho y
el aire cambiaba de aroma...
¿Qué tal? ¿Te gustó la imagen? No es el final de
un cuento ni el principio de un sueño. Es la simple descripción de un paisaje cualquiera
en un día para mate y bizcochuelo.
Está lloviendo y, al igual que todas las veces que
eso ocurre, me siento de una manera especial. Es una sensación dulce y mágica. Son las
gotitas entrando por mis ojos y posándose como mariposas en mi cuerpo.
Formo parte del pasto mojado del parque de casa. Soy
planta que reluce con el agua, rama que navega por el arroyito de los cordones y más.
Miro el cielo y soy nube, miro la calle y soy charco, soy todo lo que me rodea.
¿Viviste alguna vez un momento en que te parece
como si un globo muy grande se inflara dentro de vos? Bueno, es algo así. Es emoción.
Porque me percibo abrazada por el milagro de lluvias y árboles, ¡y tantas cosas en las
que encuentro misterio y alegría! Emoción porque puedo compartir con vos mi sentimiento
húmedo.
¿Sabés? Tengo el deseo grandote de que te rocen
burbujas como éstas cuando mires por la ventana. Me gustaría ofrecerte mi mano para
transitar por un mundo de gotas dibujando soles en el vidrio empañado. Pero quisiera algo
mejor todavía: ayudarte a construir tus ventanas y regalarte los pinceles para que pintes
ese mundo. |